Chile lleva tres ediciones sin clasificar al Mundial. Mientras el torneo más grande de la historia mueve seis mil millones de espectadores y miles de millones de dólares en turismo, nosotros vemos los partidos de otros. No es solo frustración futbolística: es también un problema de visibilidad de destino.
Hay algo raro en ver el Mundial sin selección. Las pantallas encendidas, las camisetas de Colombia o Ecuador en los bares, el ritual de siempre pero sin equipo propio. No es tristeza exactamente. Es esa sensación de que algo que debería estar, no está.
Chile quedó fuera del Mundial 2026 por tercera vez consecutiva (2018, 2022 y ahora 2026). La Roja terminó última en las Eliminatorias Sudamericanas con 11 puntos en 18 fechas. El drama futbolístico ya fue analizado hasta el cansancio. Esta columna va por otro lado.
El torneo más grande de la historia
El Mundial 2026 es el mayor de la historia: 48 selecciones, tres países sede (Estados Unidos, Canadá y México), 104 partidos. La audiencia global proyectada supera los 6.000 millones de espectadores a lo largo del torneo. En la final, se espera que 1.500 millones de personas sintonicen en simultáneo.
Para ponerlo en perspectiva: eso es casi el doble de la población de China viendo una misma pantalla al mismo tiempo.
Solo en Estados Unidos, el partido de la selección local contra Paraguay batió el récord histórico de audiencia futbolística: 27,5 millones de espectadores. El Mundial, como evento de comunicación global, no tiene equivalente. Ninguna campaña publicitaria, ningún festival, ningún otro torneo llega a esa escala.
Una máquina de turismo
Detrás de las audiencias hay otra cifra que importa más para quienes trabajamos en turismo.
El gasto turístico asociado al Mundial 2026 se estima en USD 6.400 millones solo en territorio estadounidense. Sumando los tres países sede, el gasto total en el evento llega a USD 4.300 millones, más del 80% concentrado en hospitalidad. Se proyectan 13,1 millones de visitantes en los tres países sede y 21,3 millones de noches de hotel. En Ciudad de México, las reservas hoteleras crecieron más de un 150% respecto a un período normal comparable.
Y eso sin contar el gasto de los hinchas que viajan. Un seguidor argentino que asiste al Mundial invierte entre USD 7.850 y USD 8.000 por persona (entradas, vuelos, alojamiento, alimentación y traslados). Si viajan 25.000 personas, son USD 200 millones moviéndose desde un sistema turístico hacia otro. Los hinchas que siguen a su selección al exterior no son solo apasionados del fútbol: son viajeros de alto gasto, de los más rentables que existen en turismo.
Las hinchadas no son solo apasionados del fútbol. Son viajeros de alto gasto, de los más rentables que existen en turismo.
Lo que ganan los vecinos que sí están
No hace falta ser sede para que el Mundial deje plata en casa. Basta con clasificar.
Entre el 11 y el 18 de junio de 2026 (la primera semana del torneo), las transacciones transfronterizas con tarjeta Visa de viajeros latinoamericanos crecieron 31% respecto al mismo período de 2025. Brasil, Colombia y Ecuador concentraron el mayor aumento (39% más transacciones que el año anterior). El gasto se disparó en restaurantes (38%), transporte (49%) y supermercados (16%).
Esa plata sale del bolsillo de los hinchas que viajan, sí. Pero el efecto no termina ahí. Mientras los hinchas brasileños, colombianos, ecuatorianos y argentinos llenan pantallas, redes sociales y portadas de diarios en todo el mundo con los colores de su país, sus selecciones construyen exactamente el tipo de exposición global que ningún ministerio de turismo puede comprar con su presupuesto anual completo.
Hay un segundo beneficio, más cercano a casa: la economía doméstica también se activa, aunque el equipo juegue a miles de kilómetros. Los Fan Fests de Alemania 2006 (el mundial que masificó el formato) reunieron 21 millones de visitas en doce ciudades. En Brasil 2014, solo la pantalla gigante de Copacabana convocó a 937.000 personas y São Paulo a 806.000. Bares, restaurantes, transporte y comercio local se mueven cada vez que el país juega, esté donde esté el partido.
Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Uruguay y Paraguay capturan las dos capas a la vez: el hincha que viaja y gasta afuera, y el fan zone que activa la economía adentro. Chile, esta vez, no tiene ninguna de las dos.
La vitrina que no se ve
Pero el flujo de dinero es solo la capa más visible. Hay algo más difícil de medir y probablemente más valioso.
Cada vez que una selección juega un partido del Mundial, el nombre y la bandera de ese país aparecen en cientos de millones de pantallas durante noventa minutos más recuperación. Los relatos de los jugadores traen geografías, ciudades, historias de origen. Las hinchadas en las gradas muestran cultura, actitud, forma de ser. Es publicidad turística que ningún presupuesto de marketing puede comprar.
Los investigadores lo llaman nation branding through sport: la participación en un Mundial es uno de los mecanismos más eficaces para que un país se vuelva reconocible a nivel global. Para que aparezca como destino posible en la mente de alguien que hasta entonces nunca lo había considerado. La investigación académica publicada en Frontiers in Sociology lo confirma: el deporte es una vía primaria para diseminar el nombre de un país en el escenario internacional.
Qatar: el caso extremo
El ejemplo más claro de lo que puede pasar con una presencia mundialista intensa es Qatar 2022.
Antes del torneo, Qatar era para la mayoría un punto en el mapa del Medio Oriente con poca presencia en el imaginario turístico internacional. El Mundial lo cambió. Durante noviembre y diciembre de 2022, el turismo creció más de un 300% respecto al mismo período del año anterior. En 2023 el crecimiento continuó mes a mes. El WTTC proyecta que Qatar llegará a 7,4 millones de turistas anuales hacia 2030, partiendo prácticamente desde cero hace cuatro años.
No se trata únicamente de la infraestructura construida. Se trata de que el mundo entero aprendió que Qatar existe y tiene algo que ofrecer. El Mundial instaló al país en el mapa mental de millones de viajeros potenciales.
Los que no juegan, pero igual juegan
Lo interesante es que tampoco hace falta ser sede ni participante directo para capitalizar el efecto mundialista.
Portugal no clasifica bajo el mismo formato regional que los países sede del 2026, pero acaba de lanzar una campaña de turismo orientada específicamente a los fans que viajarán a Norteamérica: posicionarse como destino de escala para quienes combinan el Mundial con un viaje a Europa antes o después. No están en el torneo de la misma forma, pero están en la conversación turística. La oportunidad existe aunque no juegues. La pregunta es si la ves.
Chile: doce años fuera de la vitrina
En 2026, 48 selecciones estarán visibles ante seis mil millones de personas. Chile no está entre ellas.
La ausencia de la Roja no es solo deportiva. Son doce años seguidos (tres ediciones mundiales) sin que el nombre del país aparezca en ese contexto. Sin que la bandera ondee en las gradas de un estadio visto por medio planeta. Sin que un relato de jugador traiga la imagen del Atacama, de Chiloé o de la Patagonia chilena a la pantalla de alguien en Tokio o en Estocolmo.
En turismo, la visibilidad no es decoración. Es la condición para que alguien ponga a Chile en su lista de destinos posibles. Y en ese mercado de atención global, Chile lleva una década y media compitiendo con la televisión apagada.
Mientras tanto, el vecindario sigue jugando. Seis de los diez países sudamericanos (Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay y Paraguay) acumulan exposición global y activación económica doméstica cada cuatro años. Chile no solo pierde el negocio inmediato del torneo (el gasto de los hinchas, las fan zones, la marca país en pantalla). Con cada ciclo que pasa afuera, la brecha de visibilidad turística con la región se ensancha un poco más. No es solo no ganar. Es ver, edición tras edición, cómo el resto del barrio sí gana.
El partido que sí podemos jugar
El fútbol y el turismo compiten por lo mismo: un lugar en la mente de la gente.
Los destinos chilenos no pueden cambiar el resultado de las Eliminatorias. Pero sí pueden pensar en cómo construir visibilidad sin depender de que el equipo nacional clasifique. Hay formas concretas de jugar igual: fan zones bien diseñadas que capturen el gasto de los hinchas de equipos que sí están, campañas orientadas a viajeros latinoamericanos en tránsito hacia Norteamérica, posicionamiento en el período post-torneo cuando los flujos de atención global buscan nuevos destinos.
El Mundial se juega lejos. La estrategia, acá.
Fuentes
- FIFA — World Cup 2026 Socioeconomic Impact Analysis
- Britannica / Tourism Economics — The economics of the FIFA World Cup
- Travel and Tour World — FIFA World Cup 2026 Economic Impact: hotel occupancy y aviation revenue
- Wego Travel Blog — FIFA World Cup Viewership: How 2026 Became the Most-Watched Ever
- FIFA Inside — World Cup 2026 captivates global audiences
- Goal.com — FIFA World Cup 2026 breaks attendance and TV records
- ScienceDirect — Qatar's FIFA World Cup odyssey: A quest for legacy transforming a small nation into a global destination
- PMC / WTTC — Qatar's FIFA World Cup: tourist growth projections
- Frontiers in Sociology — Sustainable strategic nation branding through sports: leveraging soft power via mega-event hosting
- Travel and Tour World — Portugal FIFA World Cup Tourism Campaign 2026
- El Economista AR — Cuántos dólares gastan los hinchas argentinos en el Mundial
- Reportur — El Mundial 2026 impulsa los viajes de los argentinos
- CNN en Español — ¿Por qué no está Chile en el Mundial 2026?
- ESPN Deportes — La Selección Chilena se quedó afuera del Mundial 2026
- Primicias.ec — Turistas latinoamericanos impulsan millonarias transacciones durante el Mundial 2026
- El Tiempo — Aficionados de América Latina elevan el 31% las transacciones en países anfitriones del Mundial 2026 (Visa)
- Semana — Colombia entre los tres países de América Latina y el Caribe con más transacciones internacionales en el Mundial 2026
- Emprendedor.com — Las fan zones del Mundial 2026 en CDMX: inversión y oportunidades de negocio (antecedentes de Fan Fests Alemania 2006 y Brasil 2014)
Créditos de imágenes: Omar David Sandoval Sida (foto de portada) y ProtoplasmaKid (foto interior), vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0 / CC BY 4.0).