Cada mes, el INE publica los resultados de la EMAT. Ocupación hotelera, pernoctaciones, llegadas. Son los mismos números que aparecen en los informes de turismo, en las presentaciones municipales, en los comunicados de Sernatur. Y son útiles. Pero tienen un límite que rara vez se menciona: miden el volumen del turismo, no su valor.

Hay una diferencia importante entre saber cuántos turistas durmieron en una región y saber cuánto dinero se quedó en esa región. Entre registrar las llegadas y entender quién capturó el beneficio. Entre contar pernoctaciones y saber si el turismo le está cambiando la vida a alguien.

Chile no mide eso. O lo mide mal.

La herramienta que existe pero no se usa

La OMT lleva más de dos décadas promoviendo las Cuentas Satélite de Turismo como el instrumento que permite calcular el aporte real del sector a la economía: gasto desagregado por tipo de visitante, encadenamientos con otros sectores, empleo directo e indirecto, valor agregado territorial. No solo cuántos vinieron, sino qué activó su visita. Chile tiene una versión de esta herramienta, pero su uso efectivo en la toma de decisiones a nivel subnacional es prácticamente nulo.

El resultado es predecible. Un municipio que quiere desarrollar su oferta turística dispone de datos nacionales o regionales, nunca locales. Sabe cuántos hoteles tiene registrados. No sabe cuánto gasta en promedio el turista que llega, qué proporción de ese gasto se queda en negocios locales, ni cuánto se filtra hacia cadenas externas. Toma decisiones de política con información que no fue diseñada para responder sus preguntas.

DataTurismo: un paso en la dirección correcta

Sernatur ha dado pasos en la dirección correcta. La plataforma DataTurismo consolida en un solo lugar los principales indicadores del sector y los hace accesibles para cualquier municipio con conexión a internet. Eso no es menor: reduce la brecha de acceso y permite que actores locales lean tendencias sin necesidad de contratar un estudio. Pero democratizar el acceso a los datos existentes no resuelve el problema de fondo. DataTurismo hace más visible la información disponible; no cambia qué información se está recogiendo. Y lo que se recoge sigue siendo flujo, no impacto.

El ciclo que nunca se cierra

Ritchie y Crouch (2003) lo plantearon con claridad: la competitividad de un destino no depende solo de sus atractivos, sino de su capacidad para gestionarlos con información pertinente. Hall (2008) lo completa desde otro ángulo: el monitoreo y la evaluación son el eslabón más débil de la planificación turística. Los destinos diseñan planes, los implementan, y pocas veces miden si funcionaron. Sin datos que cierren ese ciclo, la planificación es un ejercicio retórico. Un destino que no sabe lo que vale no puede saber qué proteger, qué mejorar ni qué priorizar.

El problema no es la ausencia de datos. El problema es que los datos disponibles responden preguntas que nadie está haciendo en terreno.

Un alcalde no necesita saber cuántos turistas llegaron a Chile en 2024. Necesita saber cuántos pasaron por su comuna, cuánto gastaron, en qué, y si eso tiene alguna correlación con el empleo local.

Esa información hoy no existe sistematizada, o existe dispersa en estudios puntuales que no se actualizan, que no son comparables entre sí y que llegan tarde.

Mientras tanto, las decisiones se toman igual. Se invierte en infraestructura sin saber si el cuello de botella es la infraestructura. Se diseñan rutas sin saber si el turista las recorre. Se crean sellos de calidad sin saber si el viajero los valora o siquiera los conoce.

Una arquitectura construida para otra pregunta

Esto no es una crítica al INE ni a Sernatur. Ambos hacen lo que su mandato les permite. Es una observación sobre la arquitectura del sistema: fue construida para medir flujos, no para orientar gestión.

La pregunta relevante no es si los números son correctos. Es si son los números correctos.

Hay destinos en Chile que están creciendo en visitas y deteriorándose en calidad de vida local. Y hay destinos que crecen poco en cifras pero generan mucho valor para quienes viven de ellos. El sistema estadístico actual no distingue entre uno y otro. Los trata igual, porque ambos suman pernoctaciones.

Mientras no tengamos datos que permitan esa distinción, seguiremos tomando decisiones de turismo con la misma lógica que mide el éxito de una cosecha por el peso total del camión, sin preguntar qué hay adentro ni a quién le llega.